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martes, 5 de septiembre de 2023

Día séptimo

 A PROPÓSITO DE LA CELEBRACIÓN DE LAS FIESTAS DE LA VIRGEN DEL VALLE, AÑO 2023


P. Daniel Albarrán

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(ANTERIOR)

(SIGUIENTE)

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DIA SÉPTIMO:

ANIMALES:


Génesis 1, 20-23:


Dijo Dios: «Bullan las aguas de animales vivientes, y aves revoloteen sobre la tierra contra el firmamento celeste.»



Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo animal viviente, los que serpean, de los que bullen las aguas por sus especies, y todas las aves aladas por sus especies; y vio Dios que estaba bien;


y bendíjolos Dios diciendo: «sed fecundos y multiplicaos, y henchid las aguas en los mares, y las aves crezcan en la tierra.»



Y atardeció y amaneció: día quinto.



Aparece la palabra “bullan” en sentido de mandato. Es una orden. Y, es del producto de las aguas, que es de suponer que de las aguas de abajo. Y, se pone la cosa interesante, porque, las aguas están siendo fecundas. Así, de las aguas de arriba, “La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla, por sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla dentro, por sus especies”. Y, ahora, de las aguas de abajo, “Dijo Dios: «Bullan las aguas de animales vivientes, y aves revoloteen sobre la tierra contra el firmamento celeste.». De este separación, de las aguas de abajo, que llamó “mares”, se deriva en mandato de bullan, las aves, y que revolotean sobre la tierra”.



Llama la atención dos cosas en esto último:

Primero, que “las aves revoloteen sobre la tierra”; y, segundo, “contra el firmamento celeste”. Pareciera, entonces, que hay un firmamento celeste, y, por lógica, un firmamento terrestre, porque, específica que sea contra el firmamento celeste.



¡Super interesante! 


Otro detalle, es, que, después que Dios “vio que todo estaba bien”, vuelve a aparecer la “y” haciendo su tarea permanente: “y bendíjolos Dios diciendo: «sed fecundos y multiplicaos, y henchid las aguas en los mares, y las aves crezcan en la tierra.» El detalle, además de la tarea de la “y” es, que, Dios “bendijo”. 



Esto de la bendición es, absolutamente, nuevo. No había aparecido antes, ni con las aguas, ni con el firmamento, ni con el día, ni con la noche, ni con los luceros, ni con las hierbas, ni con los árboles frutales. Simplemente, con nada. 


Es, ahora, con los animales. 


¡Realmente interesante!


Y, es más interesante, porque junto con la bendición, que, ya es, de por sí, una novedad, está un mandato: “y bendíjolos Dios diciendo: «sed fecundos y multiplicaos”. No solamente está este mandato, que es la primera vez que aparece un mandato, es decir, un mandamiento, el primero de todos, el primero de lo primero, aunque aplique a los peces y a las aves, como los primeros seres vivientes. El mandato es: “sed fecundos y multiplicaos”. 


 

Es importante, sin embargo, precisar que, en este caso, es distinto a la voluntad de Dios, porque, en la primera voluntad de Dios es “hágase la luz”, y “la luz se hizo”. En cuanto a su voluntad, esta se hace; en cuanto a mandato es distinto, porque es lo que, primero, bendice, y, después, manda. Ya hay un elemento nuevo; o, mejor dicho, dos cosas nuevas: una bendición, y tras la bendición, un mandato.



Esto último es full-full interesante, e impresionante, más bien, porque, pareciera, mas bien, que Dios está agradecido por su obra, por eso la bendice, primero, y, solo después, le da el mandato; mandato éste, que, pareciera dejar a voluntad suya, ciertamente, pero, a voluntad de los peces y de las aves, porque, dice, que, “sed fecundos y multiplicaos”; es decir, ya son ustedes; aunque, esa es mi voluntad que así sea, porque, séanlo, es actividad delegada. Lo interesante, es que, esa es voluntad de Dios.



Este detalle último parece ser una sutileza, que es necesario resaltar, porque, es una sutileza de Dios, definitivamente, ya, que “bendice” y “manda” a posterioridad, para que sean ellos, los peces, y las aves, respectivamente, los que cumplan el mandato de Dios de “sed fecundos y multiplicaos”, con una tarea concreta, precisa y puntual, que, es la de “henchid las aguas en los mares, y las aves crezcan en la tierra.»


Y atardeció y amaneció: día quinto.

lunes, 4 de septiembre de 2023

Día sexto

 A PROPÓSITO DE LA CELEBRACIÓN DE LAS FIESTAS DE LA VIRGEN DEL VALLE, AÑO 2023


P. Daniel Albarrán

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(ANTERIOR)

(SIGUIENTE)

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(CONTINUACIÓN)

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DIA SEXTO:



Es necesario resaltar, que, desde lo que el texto bíblico llama primer día, en el marco de “atardeció y amaneció”, se va a repetir al final de cada nuevo día, y con esa expresión termina cada nuevo día cerrando, en cierta manera, cada derivado nuevo desde lo anterior, que viene a ser el producto desde donde continúa. Eso, por una parte; por la otra parte, se mantiene la presencia de la letra “y”, que siempre está presente en cada acción de Dios. Así, ahora, la letra “y”, y “atardeció y amaneció”, van a ser las constantes.


SÉPTIMO PUNTO:

LOS LUCEROS:


En el versículo que dice que Dios había dicho que “haya La Luz”, se dice, también, que Dios llamó a la oscuridad, “noche”, y a la claridad, la llamó “dia”, que son eran los dos derivado de ese producto que era la oscuridad. Sea la oportunidad, igualmente, para resaltar el detalle de que en el primer versículo se dice, que, “Dios crea los cielos y la tierra”. Y no vuelve a aparecer la palabra “crear”. Solo esa vez. Desaparece esa palabra. Y, en su puesto aparece “dijo Dios: “haya”. Ese detalle es necesario resaltar.


Ahora, en los versículos del 14 al 19:


Dijo Dios: «Haya luceros en el firmamento celeste, para apartar el día de la noche, y valgan de señales para solemnidades, días y años;


y valgan de luceros en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra.» Y así fue.


Hizo Dios los dos luceros mayores; el lucero grande para el dominio del día, y el lucero pequeño para el dominio de la noche, y las estrellas;


y púsolos Dios en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra,


y para dominar en el día y en la noche, y para apartar la luz de la oscuridad; y vio Dios que estaba bien.


-- Y atardeció y amaneció: día cuarto.



Aquí sorprende de manera especial, porque, en los pasajes anteriores, Dios a los derivados siempre les puso nombre; mientras, que, en esta ocasión, parece que se le olvidó. Eso, por una parte; porque, por otra, hay, realmente, una gran diferencia, ya que, en las anteriores, Dios toma de lo que hay, y de ahí hace otra cosa nueva, desde lo que hay. En cambio, ahora, no toma de lo que hay, sino que coloca elementos nuevos:


Dijo Dios: «Haya luceros en el firmamento celeste, para apartar el día de la noche, y valgan de señales para solemnidades, días y años;



y valgan de luceros en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra.» Y así fue.


Eso hace pensar, de inmediato, que “luceros en el firmamento celeste” pareciera que fuera un derivado de la luz, que, a su vez, es un derivado de la oscuridad, e, igualmente, un derivado de las aguas de donde sale el firmamento. En ese sentido, entonces, “los luceros en el firmamento” está en la misma línea de productos-derivados, porque, ya estaban firmamento, por una parte, y día y noche, por otra. 



No parece, entonces, inútil, al contrario, que resaltemos estos detalles, porque, resulta fascinante el descubrir la secuencialidad de estos datos, ya, que, ahora, existiendo, día y noche como derivados de la luz, que a su vez es derivado de la oscuridad, ahora, Dios, saca otro derivados que son los luceros, para tener una triple función: para alumbrar, primero, y, para dominar, después; y, finalmente, para “para apartar la luz de la oscuridad”.



Y, no podía faltar la satisfacción de Dios, sin que faltara la letra “y”: “y vio Dios que estaba bien”.

Como tampoco podía faltar el enmarque de todo, desde que se inició todo, que, es: “. Y atardeció y amaneció: día cuarto”.



¡Impresionante, realmente!

domingo, 3 de septiembre de 2023

Día quinto

 A PROPÓSITO DE LA CELEBRACIÓN DE LAS FIESTAS DE LA VIRGEN DEL VALLE, AÑO 2023


P. Daniel Albarrán

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(ANTERIOR)

(SIGUIENTE)

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DIA QUINTO:


Si seguimos el orden en los que aparecen los elementos que contienen la tierra, que era caos y confusión y oscuridad, el siguiente elemento tendría que ser “un viento de Dios”, que aleteaba. Sin embargo, hay un salto del uno al tercer elemento, que son las aguas, no hablando, enseguida, como debería ser del viento. 


Hay que resaltar, en todo caso, que, en el primer día hay un producto y hay un derivado. El producto es el caos y la confusión y la oscuridad, como un conjunto, y que es la materia prima desde donde Dios crea la luz; y desde la luz, que a su vez, es desde el caos y confusión y oscuridad, se deriva la noche y el día, y se inicia el tiempo en atardeció y amaneció, día primero.


Y, en el segundo día, igualmente, desde las aguas, que es la materia prima, se deriva el firmamento, y del firmamento se deriva cielos. Y, somete esta segunda emanación o derivado, al primer día, porque dice el texto, que, “y llamó Dios al firmamento «cielos». Y atardeció y amaneció: día segundo” (Génesis 1, 8). 


El segundo día queda enmarcado a “atardeció y amaneció”. Hay una secuencia, igualmente, y una dependencia, porque “atardeció y amaneció”, día segundo.


SEXTO PUNTO:


LOS MARES:


Pasamos, ahora, en la secuencia a los l versículos de al 9 al 13:


Dijo Dios: «Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto, y déjese ver lo seco»; y así fue.


Y llamó Dios a lo seco «tierra», y al conjunto de las aguas lo llamó «mares»; y vio Dios que estaba bien.


Dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto, de su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra.» Y así fue.


La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla, por sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla dentro, por sus especies; y vio Dios que estaban bien.


Y atardeció y amaneció: día tercero.


Lo interesante de todo es que con agua, y aguas separadas de de arriba de de abajo, se suceden cosas importantes en un solo día, que es el tercero. Todo desde las aguas, y acumuló las aguas de debajo del firmamento, colocándole nombre nuevo a ese derivado, con el nombre de “mares” a las aguas, y a lo seco, lo llamó “tierra”. Se derivan dos realidades, mares, por una parte, y tierra, por otra. Y, aquí, se vuelve a repetir el fenómeno de repetir, porque, antes repitió cielos para las aguas de arriba, y ahora, tierra para lo seco como resultado derivado, igualmente, de las aguas, llamando tierra; y ya se había usado la palabra tierra en el mismo comienzo; pero, ahora, con la diferencia que es “la tierra” en el inicio, y, ahora, solo “tierra”, existiendo, ciertamente, diferencia.


Entonces, la palabra “cielos” se ha usado dos veces: una, los cielos, en plural y con el artículo, y la otra, cielos, en plural y sin artículo. Igualmente, con tierra: la tierra, la primera vez, y tierra, la segunda. 


Esto último parece interesante, porque, ahora, que ya estamos en el tiempo, o mejor dicho, sometidos al tiempo, que es la creación del primer día, en “atardeció y amaneció”, “cielos” y “tierra” no tienen, gramaticalmente, el artículo; es decir, los y la, respectivamente. Y, es desde ahora, que empieza la diferencia, porque, al ser cielos, sin artículo, y tierra, sin artículo, empieza, prácticamente, a producirse una cadena de cosas nueva. Asi, de las aguas se sucede en la expresión “y dijo Dios”, el firmamento; y de el firmamento se sucede las aguas separadas de de arriba de de abajo, e, igualmente, la separación de lo seco, que llamó “tierra”, y de las aguas acumuladas de en lo de aguas de abajo, lo llamó “mares”. 


En esa separación, se suceden cosas importantes e interesantes, porque, al existir aguas de abajo existiendo lo seco, las aguas de arriba se van a precipitar, en lo que se supone que son las aguas de lluvia que va a mojar, precisamente, lo seco. Y, en ese fenómeno, y desde ese fenómeno, se va a suceder en cadena como resultado lo que el texto dice, que:


Dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto, de su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra.» Y así fue.


La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla, por sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla dentro, por sus especies; y vio Dios que estaban bien.


Y atardeció y amaneció: día tercero.


(CONTINUACIÓN)


Entonces, ahí empieza todo, porque, al haber vegetación en hierbas que den semilla y árboles frutales, hay alimentos. Y, ya está todo dado para el siguiente paso de la creación de Dios. Día tercero: “Y atardeció y amaneció”.


¡Realmente , interesante!

sábado, 2 de septiembre de 2023

Día cuarto

A PROPÓSITO DE LA CELEBRACIÓN DE LAS FIESTAS DE LA VIRGEN DEL VALLE, AÑO 2023

P. Daniel Albarrán
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(CONTINUACIÓN)

DIA CUARTO:

Un detalle que faltó resaltar en lo anterior es que si llamó con nombre nuevo a la oscuridad llamando “noche”, y a la luz “día”, el resultado de esa combinación, lo lógico hubiera sido que dijera “anocheció” para el trabajo y funcionamiento de la actividad de la noche; pero, el texto dice “atardeció”. Y, ¿de dónde salió lo de atardeció? En todo caso, el texto dice que “atardeció y amaneció”, volviendo la letra “y” a hacer su trabajo. Igualmente, en ese primer día, inicio del tiempo, es día y noche, en una combinada de atardeció y amaneció.

QUINTO PUNTO:
UN FIRMAMENTO:

Pasamos de inmediato a la secuencia, ahora, corresponde al versículo del 6 al 8 del libro del Génesis:

- Dijo Dios: «Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras.»

- E hizo Dios el firmamento; y apartó las aguas de por debajo del firmamento, de las aguas de por encima del firmamento. Y así fue.

- Y llamó Dios al firmamento «cielos». Y atardeció y amaneció: día segundo.

Enseguida, sorprende que Dios toma, igualmente, de la tierra lo que la tierra contiene, y desde ahí sigue completando lo que la tierra tiene, y “que era caos y confusión y oscuridad”. Igual hizo con la luz, que fue hecha desde y con la oscuridad. De aquí se desprende que si no hay oscuridad, e, inclusive, caos y confusión, no hay luz, ni mucho menos día, como fue llamada la luz por Dios mismo, y que “vio Dios que era bueno”. Pareciera, entonces, que la luz y su existencia está condicionada por la existencia de la oscuridad, y eso lo era la tierra. Por otra parte, se desprende la idea de que una vez creada la tierra, todos los derivados posteriores como la luz, y los otros, tienen como fundamento a la tierra misma, de donde toma, en este caso el caos, la confusión y la oscuridad, para hacer la luz; y, solo, posteriomente, es que separa y coloca nombre nuevo al resultado.

¡Sin duda, interesante!

Ahora, toma de la tierra el agua. Ya tomó la oscuridad. Ahora, es el agua. Y, Dios hizo que hubiera “un firmamento”. 

Aquí, aparece la sorpresa, como si ya no estuviera desde que comenzamos este estudio bíblico, pero, vuelve a estar, igual que la letra “y”, que, nunca ha dejado de estar. Tal vez la letra “y” sea la sorpresa misma. ¡Maravilloso!

La sorpresa vuelve a aparecer para sorprenderse más porque, ahora, el texto da un paso interesante y revelador, porque, en los versículos anteriores era indefinido, y ahora, es determinante y determinado. Antes fue “los cielos y la tierra”; igualmente, la luz, la oscuridad, en un indefinido “los, la”. Ahora, es un “un”, UN FIRMAMENTO. No fue “un cielo”, o “una tierra”, sino “los cielos y la tierra”; más, aún, no fue “cielos”, ni tampoco, “tierra”.

Esto último es importante resaltar porque hay diferencia; ahora, se trata no de los firmamentos, ni siquiera, de “el firmamento”, sino de “un firmamento”.

¿Por qué esa diferencia y detalle?

«Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras.»

El problema está en que no se sabe qué es un firmamento, porque, no lo describe, sino que, solamente, dice firmamento en relación a aguas de arriba y aguas de abajo. ¿Qué es un firmamento, que antes de hacerse era un firmamento, y después de hacerse es “el firmamento”? Dice: “--Dijo Dios: «Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras.»
E hizo Dios el firmamento.

Ciertamente, en ese solo dato hay un antes y un después en la creación del firmamento, porque antes es “haya un firmamento”, y después, es “hizo el firmamento”. Pareciera, que en el primer caso es una idea resaltada en “un firmamento”; y en el segundo, pareciera que es una realidad donde el firmamento es, ya, una cosa concreta y real, que puede servir hasta de modelo, porque es “el firmamento”. ¿Tendrá que ver esa diferencia con el verbo, que en el primer caso es “haya”, en forma imperativa y de mandato, y en el segundo es un ya se hizo? Pareciera haber una personalidad en la expresión “el firmamento”, y que tiene carácter. En todo caso, el firmamento separa las aguas de arriba de las aguas de abajo.

Y, se vuelve a repetir lo del primer día, donde antes que se de el día de “atardeció y amaneció”, Dios le coloca nuevo nombre a la oscuridad el de noche, y a la luz, día, para terminar ese primera creación desde que había hecho ya la tierra, con el caos y la confusión y la oscuridad juntos; ahora, antes de terminar el segundo día, le coloca nombre nuevo al resultado de las aguas, que ya estaban en la tierra; ahora, cuando toma el agua, hace el firmamento; y, una vez hecho el firmamento, le pone nombre nuevo que es “cielos”.

Otra sorpresa más, porque, ¿No había hecho ya “los cielos”, según Génesis 1, 1? ¿Por qué, ahora, usa el mismo nombre cuando crea el firmamento? Sin embargo, hay una diferencia, porque allá era “los cielos”, y, aquí, es “cielos”.

Entonces, crea dos cielos, unos los cielos, y otros, cielos. Pareciera, entonces, que no son los mismos cielos, porque, los primeros no se definen ni se describen; mientras que los segundos están demarcados como separados de aguas de arriba y aguas de abajo. Y, pareciera que cielos, de manera indefinida, viene a dar un espacio al tiempo que Dios creó en el primer día, y, que, ahora, parece ser que le da al tiempo un lugar y un espacio, que es, precisamente, el firmamento, llamado, ahora, cielos, para dar un tiempo, que es el primer día, y un espacio, que es el segundo día de la creación.

Y, vió Dios que era bueno.
Hay, sin duda, un avance desde antes del primer día, porque ya existía la tierra, que era caos y confusión y oscuridad, al primer día que es desde ese caos y confusión y oscuridad, la noche y el día, teniendo como fundamento para la creación, precisamente, el caos, la confusión y la oscuridad. Eso es el tiempo, noche y día. Y el espacio, desde las aguas, que ya estaban en la tierra, el firmamento con el nombre de cielos .

Entonces, el tiempo lo crea Dios desde el caos y la confusión. Y, el espacio desde las aguas, que, igualmente, estaban ya en la tierra.

El caso, igualmente, es que Dios separa aguas de arriba y aguas de abajo. Y, ¿cuáles son unas, y cuáles son otras? La imaginación nos hace pensar en las mismas aguas, por supuesto, pero en estados químicos y físicos distintos, porque es la misma agua de abajo que ahora está transformada en agua evaporada en las nubes, para después convertirse en agua de lluvia, que va a ser fundamental para los versículos siguientes del mismo libro del Génesis.

De esto último se desprende, entonces, que “el firmamento”, y, que, ahora, se llama “cielos”, igualmente, en masculino y en plural es ese espacio que divide la atmósfera para ser las nubes donde están las aguas de arriba. Parece, fundamental, entonces, esa separación de las aguas, desde una misma agua tomada del proyecto tierra, porque “La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas”. Este marco de referencia es el principio de todo, después de Dios, por supuesto quien fue que hizo la tierra.

viernes, 1 de septiembre de 2023

Tercer día

 A PROPÓSITO DE LA CELEBRACIÓN DE LAS FIESTAS DE LA VIRGEN DEL VALLE, AÑO 2023



P. Daniel Albarrán

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(TERCER DIA)

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CUARTO PUNTO:

LA LUZ:


En el versículo siguiente, el tercero:

“Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz”.

Enseguida, las preguntas:


¿Para qué que haya luz? Porque, simplemente, ya había/existía la tiniebla/la oscuridad. Porque la luz es para alumbrar, y, ¿qué se alumbra?.


Ya queda claro que la oscuridad existía, porque Dios la había creado; y, ¡¿Quién, si no?. La luz se crea porque ya se había creado la oscuridad. La oscuridad es una creatura de Dios, y era una característica de la tierra; más, aún, la tierra es descrita con que era caos y confusión y oscuridad. En su inicio era así.


Entonces, ahora, ya no es, y deja de ser para pasar a ser. Ya no es; simplemente, era. Es cuando del versículo 3 al 5 del Génesis se continúa, que:


Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz.


Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad;


y llamó Dios a la luz «día», y a la oscuridad la llamó «noche». Y atardeció y amaneció: día primero.


Cosas, que, igualmente, llaman la atención:


1) ¿Por qué, ahora, a la oscuridad le cambia el nombre y la llama “noche”?


2) Llama la atención, que, empieza a dar nombres, ahora, a partir de haber dicho que haya luz, a la que llama “dia”, siempre en relación a la oscuridad, que es desde la cual, Dios continua lo que había empezado.


3) Un dato importante es que “los cielos” no han sido descritos cómo eran; aunque, suponemos, que es luz. Pero, si vamos y seguimos el camino que nos va da dando el texto, la luz no existía todavía, y mucho menos, “los cielos” significa la luz, ya que la luz fue creada a partir de la existencia de la oscuridad, del caos y de la confusión. 


4) ¿Para qué la luz? Para alumbrar.


5) ¿Qué va a alumbrar? La oscuridad que el mismo Dios había creado. 


6) Una vez que Dios crea la luz, dice, que “vio Dios que estaba bien”. ¿Es, que, antes estaba mal; y, acaso, no era la oscuridad obra suya? ¿Era mal que hubiera, primero, oscuridad; entonces, para qué la hizo de primero?


7) Vuelve a estar la letra “y” en todo: antes, y de primero, “los cielos y la tierra”; después, “caos y confusión”; después, “caos y confusión” en un grupo para hacer complementos con oscuridad, porque dice “caos y confusión y oscuridad”. Y, ahora, el texto resalta, que, “Dios dijo: haya luz, y hubo luz. 


8) Es una permanente la letra “y”.


9) Entonces, sin que desaparezca la letra “y” sigue lo que, apenas está comenzando.


Lo interesante está, ciertamente, en, que:

Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad;


y llamó Dios a la luz «día», y a la oscuridad la llamó «noche». Y atardeció y amaneció: día primero.


Lo interesante, realmente, más bien impresionante es que en el versículo 5 del libro del Génesis queda definido el inicio del tiempo, porque, al existir ya la oscuridad, que ya existía, pero, ahora con la existencia de la luz, se marca el día y la noche; y, desde el mismo texto, empieza un día, porque “y atardeció y amaneció: día primero”.


El tiempo, entonces, según el dato bíblico es cuando atardeció y amaneció: día primero.


Todo creado por Dios. Y, por supuesto, todo bueno. Sin que falte o sobre la letra “y”.


(CONTINUAR)

jueves, 31 de agosto de 2023

DIA SEGUNDO

(ANTERIOR)

(SIGUIENTE)

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A PROPÓSITO DE LA CELEBRACIÓN DE LAS FIESTAS DE LA VIRGEN DEL VALLE, AÑO 2023


P. Daniel Albarrán

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(DIA SEGUNDO)


(CONTINUACIÓN)

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SEGUNDO PUNTO:

LOS CIELOS Y LA TIERRA:


Del mismo texto, apenas en el primer versículo en el puro comienza del libro del Génesis, comienzan a ser muy ricos los datos que aporta el texto, porque, primero, crea “los cielos”, y en plural; e, inmediatamente, o más aún, en simultáneo, crea, “la tierra”.


Llama la atención, que, primero se menciona los cielos y de segundo, la tierra, con las dos particularidades, que, en plural y en singular. De manera, que, en Génesis 1, 1, ya, hay muchos elementos para profundizar. 


Otro detalle es que es uno y uno en simultáneo. Y, esos dos, unidos por la letra “y”, que sería la letra La Yód o Yúd (י), que, es la décima letra del alfabeto hebreo. Es de resaltar, igualmente, además, de lo plural y singular, es, que “los cielos” es en masculino, “los”, y “la tierra” es en femenino. Creo, entonces, ya desde un mismo comienzo en masculino y en femenino; y en plural y en singular, respectivamente, sin que faltara la letra “y”, que viene a ser la letra importante.


Todo eso, solamente, en el versículo 1.

¡Interesante!


TERCER PUNTO:

LA TIERRA :


En el siguiente versículo, en el 2, enseguida se sucede un cambio y de importancia, porque, en el versículo anterior dice que lo primero que creó fue los cielos, y es de suponer por lógica de aparición, es, que, hable primero de eso, que es primero, en este caso, “los cielos”, y en plural. Pero no. Pasa es a hablar de la tierra. Pasa a hablar de lo femenino, primero, y ni siquiera vuelve a nombrar lo masculino. Ese dato llama la atención, realmente.


El texto dice: “La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas”. 


Y, aparecen datos de la tierra que sorprenden, porque:


1) La tierra era:

2) caos y confusión

3) y oscuridad por encima del abismo, 

4) y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas.


¡Sorpresa! 


Realmente, una sorpresa, o mejor dicho, muchas sorpresas, porque, ¿no acaba de decir el texto e 1,1 que “Dios creó los cielos y la tierra”, y, no es de suponer, que, si los acaba de crear, y es el mismísimo Dios (el Einsof), tenía que estar todo, absolutamente, perfecto? Y, si es perfecto, y se supone que lo fuera, ¿Por qué, entonces, la tierra era caos, confusión, oscuridad y hay un abismo?


Y, en Génesis 1, 2 dice lo que dice que era: caos.


Además, de la sorpresa de que no hable primero de los cielos, lo masculino y en plural, sino que hable de la tierra, y de lo femenino y en singular, ciertamente, llama mucho la atención. Llama más la atención, igualmente, porque, se desprende de inmediato, que, ya Dios había creado algunas otras cosas de primero, como:


1) El caos

2) La confusión

3) La oscuridad

4) El abismo

5) El viento

6) Las aguas.


¡Ah, caramba!

¡Sorpresa!


Más aún, ya había creado el movimiento, porque, el texto dice, que, “un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas”. Y, aparece, apenas había empezado, porque, es en el segundo versículo, el versículo inmediato, la idea de un pájaro, porque es un pájaro el que aletea, que es la idea con la que se compara el movimiento del viento.


Eso, entonces, lleva a reconsiderar la idea de que no fue la luz lo primero que Dios (el Einsof), porque, ya había antes de la luz, oscuridad; y, no solamente, oscuridad, sino, también, caos, abismo, confusión, viento; y, para mayor sorpresa, ya había agua, y en plural, “las aguas”.


Apenas vamos en los dos primeros versículos, y ya hemos sorprendido a la sorpresa con las sorpresas del texto, que en términos hebreos, que es con los que se escribió estos textos de la Biblia, es El Einsof, el infinito que crea el Jojmá (los cielos) y el Biná (la tierra). Y si agachamos la cabeza en agradecimiento al hebreo bíblico, tenemos que agradecer, igualmente, por lo que significa esas dos definiciones en las que Jojmá representa lo masculino y el pasado; y Biná, representa lo femenino y el futuro. 


Este último detalle es, realmente, una sorpresa de las sorpresas, porque, si las tenemos en cuenta, vienen a ser la clave y el fundamento para entender, después, muchas cosas de manera fácil, ya que todo absolutamente todo, está ahí en el faro teológico del libro del Génesis, que apenas estamos empezando.


Vuelve a llamar la atención la permanencia de la letra “y”, en los dos primeros versículos del libro del Génesis. Nunca es solo una cosa. No falta la “y”, tanto en los cielos y la tierra, como “caos y confusión”.


(CONTINUAR)

miércoles, 30 de agosto de 2023

A PROPÓSITO DE LA CELEBRACIÓN DE LAS FIESTAS DE LA VIRGEN DEL VALLE, AÑO 2023

 A PROPÓSITO DE LA CELEBRACIÓN DE LAS FIESTAS DE LA VIRGEN DEL VALLE, AÑO 2023


P. Daniel Albarrán


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Comenzamos, hoy, 30 de agosto la novena de la Virgen del Valle. Serán nueve días de devoción, por una parte, y, por otra, una gran oportunidad para buscar profundizar sobre los misterios de la fe, sin desvincular una de la otra, que sería separar la devoción de la profundización, ni mucho menos, sin separar una de otra para dar más importancia a una. La tarea es pastoral, ciertamente, pero, teniendo en cuenta que toda pastoral está iluminada por la luz de la Palabra de Dios, donde está, precisamente, todo comienzo y fin de la actividad de la fe.


Eso nos proponemos hacer durante estos nueve días, teniendo como norte y brújula de criterio lo que se enseña en el Concilio Vaticano II, que, la única fuente de la teología es las Sagradas Escrituras.  Es decir, si se quiere hacer ejercicio de pensamiento, tiene que ser solo bajo el criterio de lo que dice el texto bíblico; porque, de lo contrario, se corre el peligro de ponernos fantasiosos; o, sea, muy imaginativos. Sin descartar, sin embargo, que ya el texto bíblico es pura y simple imaginación, pero, con la característica de contener la revelación y el misterio que se cobija detrás de eso mismo que revela. Esa es la tarea, en la que, también, entrará con su importancia el sello de la interpretación de la Iglesia, en lo que llamamos Tradición, siendo, definitivamente, la Iglesia la custodia de ese dato revelado.


PRIMER PUNTO:

EN EL PRINCIPIO:


Lo primero de lo primero que tenemos que decir y hacer es ir al mismo libro del Génesis, donde comienza todo. Y, lo primero que dice, es:

1) En el principio creó Dios los cielos y la tierra (Génesis 1,1).


Ese dato es ya el marco de todo posible esquema, donde queda claro desde el mismísimo comienzo, que, “los cielos y la tierra”, son obra de Dios. Podríamos filosofar, inclusive, para intentar dar nombres de causas a ese fenómeno, y, aún así, nos vamos a encontrar con la frontera del misterio, como cosa desconocida. Es de admirar, en ese sentido, la humildad de la física cuántica al reconocer, hoy por hoy, que, a pesar que sigamos descubriendo una fuerza anterior a la anterior que ya se ha descubierto, hay que reconocer que hay una energía más allá de más allá que hace que este misterio de lo que existe tenga su explicación. Eso mismo ha llevado a los científicos de todas las ciencias cuánticas a poner en tela de observación la misma idea del big bang, aunque, no se puede negar la comprobación científica de ese fenómeno en el universo en sus procesos de evolución, como fenómeno de expansión cósmica. Aún, así, y, aún con el descubrimiento de los hoyos negros en su inmensa fuerza física, hay un más allá de ese más allá que hace que este mundo-universo exista.


Ese más allá del más allá, del más allá, en términos bíblicos se llama Dios; es decir, el infinito, que no tiene ni comienzo, ni tiempo, ni espacio. En la riqueza del hebreo bíblico es el Einsof; o, sea, el infinito.


Y, eso ya está dicho en el comienzo del libro del Génesis: en el principio, Dios…

Entonces, eso pasa a ser el infinito, el inexplicable. En filosofía sería la causa. Y, al fin y al cabo, es lo mismo.


De ahí se pasa al siguiente eslabón de lo que ya enuncia el libro del Génesis:


2) Dios creó los cielos y la tierra.


El infinito crea los cielos y la tierra.

Eso es una afirmación y una confirmación, al mismo tiempo. El dato importante de esto está, tal vez, en la letra “y”.  Eso lleva, de inmediato, a la sorpresa, porque, no es “los cielos” o en “la tierra”, donde está la importancia de la información de fe que nos aporta el libro del Génesis, sino en una simple letra, que es la “y”.


¡No puede ser!

Absolutamente, ahí está el detalle, porque, en plan de sorpresa surgen de inmediato las preguntas:


¡¿Para qué crea Dios los cielos?!

¡¿Para Dios mismo?


No. Para Dios mismo, no. Porque, entonces, el texto dijera que Dios creó los cielos; asi, sin más. 


Y, aquí, se pone la cosa interesante, porque, el texto dice, enseguida, que, “y la tierra”.


Es decir, la tierra es la razón por la que Dios crea “los cielos”. Porque, podría ser, igualmente, que dijera que creo “la tierra”, sin decir antes que hizo “los cielos”. Al contrario, hizo la tierra, inmediatamente, después que hizo los cielos. Ambas cosas por separadas no tiene sentido. Lo que le da el sentido es la letra “y”.


Y, esto es muy interesante.


O, sea, ¿que tenemos que hacer teología de la letra “y”?


Parece una locura. 

¡Teología de una letra, y, precisamente,de la letra “y”!



(CONTINUACIÓN)





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